Abogado

Nacho Vidal, conocido actor porno, fue detenido el pasado día 29 de mayo por haber causado la muerte del fotógrafo José Luis Abad hace varios meses durante la celebración de un ritual en el que este señor inhaló veneno de sapo. Al detenido se le atribuye un delito de homicidio por imprudencia grave del artículo 142.1 del Código Penal, algo lógico si se tiene presente que resulta posible entender que permitió la producción del resultado de muerte al haber generado un riesgo para la vida que, aunque Nacho Vidal consideraba poder controlar, se terminó concretando en el fallecimiento de José Luis Abad.

El caso ofrece un problema por la imputación objetiva, que exige para su concurrencia que la conducta del acusado haya provocado el resultado y que el mismo efecto de la acción se le pueda adjudicar moralmente al mismo acusado, algo que no ocurre en los casos de autopuesta en peligro, en los que la víctima acepta someterse al riesgo de modo que el resultado lesivo solo se le puede atribuir a la propia víctima.

Ciertamente, Nacho Vidal podría llegar a ser considerado inocente por buenos argumentos. La Sentencia del Tribunal Supremo 690/2019, de 11 de marzo, establece para este tipo de casos que habrá que analizar la concurrencia de los elementos típicos de la conducta teniendo en cuenta que “o bien la víctima se había colocado a sí misma en la situación de riesgo de la que deriva el resultado previsto por la norma (autopuesta en peligro), o bien asumió la situación de peligro creada por otro (heteropuesta en peligro)”. En relación con este asunto, destaca la misma resolución que “concurren razones que justifican que en los supuestos de heteropuesta en peligro el tercero pueda ser tratado de manera distinta a los supuestos de autolesión, pues por más que en aquellos la víctima preste su consentimiento a involucrarse en la actividad finalmente lesiva, es evidente que el lesionado no desencadena por sí mismo el proceso de riesgo que tendrá después un desarrollo imprevisible, ni en la mayor parte de las ocasiones podrá evaluar el riesgo en toda su dimensión, ni tampoco controlarlo o cancelarlo después, de modo que el individuo transfiere al tercero toda la capacidad para dominar o desistir de la situación”.

Precisamente, por la citada Sentencia del Tribunal Supremo 690/2019, de 11 de marzo, Nacho Vidal no será considerado penalmente responsable por la muerte del fotógrafo si se puede deducir la concurrencia de varias condiciones: a) que la víctima tenga un adecuado conocimiento del riesgo; b) que consienta en la acción arriesgada causante del daño, sin venir tampoco impulsado por una marcada incitación del autor; c) que el daño sea consecuencia del riesgo asumido, sin añadirse otros descuidos del ejecutante y d) que la víctima, hasta el momento del completo descontrol del riesgo, haya podido dominarlo de una manera equivalente al autor mismo. Con esos elementos fácticos, se consideraría perfectamente que el fallecido asumió el riesgo de someterse al ritual aceptando su posible muerte, que no se le podría atribuir a Nacho Vidal.

El problema para el investigado es que, aunque se pueda librar de la condena por homicidio imprudente, podría ser condenado por un delito de tráfico de drogas del artículo 368 del Código Penal si se acredita finalmente que el veneno de sapo contiene sustancias que están recogidas por drogas tóxicas o sustancias estupefacientes en la Convención Única de 1961 sobre Estupefacientes.