¡Que viene el lobo! No se puede ser peor intencionado para describir la llegada de una entidad financiera (que, con diversas formas, lleva en el club desde mucho antes de ser sociedad anónima) como el nuevo inversor que ha sido encontrado y atraído por el nuevo Consejo de Administración.

Si se mira la situación institucional de los últimos diez años, la conclusión es clara: llevamos una línea de mediocridad y decadencia indeseable. Para salir de ahí e igualarse a los clubes de nuestro nivel (ya no miremos a los grandes, sino a los vecinos) se necesita crecer notablemente. Y para ello, en el mundo actual solo hay una salida: don dinero.

Guste o no, el Deportivo está condenado a recibir cantidades millonarias para igualar su patrimonio a las obligaciones que tiene. De lo contrario, no puede subsistir. Al menos, como sociedad anónima deportiva. Carece de sentido, más allá de la sana crítica, opinar “a toro pasado” para juzgar a los anteriores consejos deportivistas, unos por no entrar en concurso antes y otros por no haber amortizado deuda en cinco años de mandato, pese a contar ingresos nunca obtenidos hasta la fecha (¿dónde fueron a parar? Observen las partidas de gastos y saldrán de dudas).

También resulta aberrante la “adhesión inquebrantable” que manifiestan algunos accionistas hacia consejeros anteriores y actuales, incluso anteponiendo esa empatía a cualquier valoración crítica que se manifieste, por muy lógica y razonable que esta sea.

Llegó la hora de crecer de una vez para salir de la mediocridad. Se hace necesaria la presencia activa de un inversor y este ha llegado. No hubo que buscar allende los mares atlánticos ni en el lejano oriente. Lo tenemos aquí, o mejor dicho, ya estaba en el club y sería interesante aprovecharlo. Es un banco, sí. Y confesemos que no es santo de nuestra devoción por las noticias publicadas acerca de su negocio. Pero está aquí y viene a ayudar, depositando un patrimonio imprescindible para la supervivencia real y deseable de un club, que seguirá siendo de todos. Seguro. Porque en esa circunstancia de apoyo masivo popular es donde reside la grandeza de su valor patrimonial.

Ahora, se puede caer en la sapiencia de vigilarlo o en la necedad de despreciarlo, pensando en sueños tan oníricos como utópicos. Depende de la mentalidad de cada uno. Aprovechando nuestra veteranía y nuestros deseos para el nuevo camino blanquiazul, resucitaremos la consigna alentadora de nuestra infancia: ¡AUPA DEPORTIVO!

DEPOR LEAKS

Socio y accionista RCD

Foto portada Somosdepor