Alberto Esparís

Técnico de Fútbol Profesional

Definitivamente la mediocridad se ha instalado en la dirección y, por ende, en la gestión de nuestro Real Club Deportivo de La Coruña. Así es imposible afrontar un futuro, de por si incierto, con las mínimas garantías de éxito en el conjunto de las áreas social, económica o deportiva en la que el club desarrolla su actividad.

Recientemente hemos asistido al enésimo golpe bajo que le asestan a la entidad. El titular es aterrador: “Albert Gil y su escalada para convertirse en el primer ejecutivo de la entidad”. El presidente Fernando Vidal, seguramente rodeado de brillantes gestores es su ámbito profesional, dejan patente que desconocen la realidad de la gestión de un club de fútbol profesional. Y, al contrario que en sus empresas, donde optan por seleccionar a las personas más competentes y talentosas para ocupar los cargos de mayor responsabilidad, aquí en el Deportivo ocurre lo contrario (no se juegan su dinero). Seleccionan y promocionan al personal por amistad y subordinación y no por sus logros o capacitación. Un grave error, recurrente en este club y una carga que lastra definitivamente la viabilidad del club.

Conviene recordar que Albert Gil, en estos 6 años, no solo no ha demostrado la capacidad que se requiere para el cargo, que no es otra que la de formar jugadores con proyección primer equipo, sino que fue incapaz de formar jugadores para el Juvenil y menos para liderar el Fabril y eso solo tiene un nombre: ¡Fracaso!!

Asimismo, ha sido incapaz de promocionar a ninguno de los técnicos que, durante esos 6 años, estuvieron bajo sus órdenes y eso solo tiene un nombre: ¡Fracaso!!

Por otra parte, y dejando a un lado lo puramente técnico donde no ha hecho nada digno de mención, fue incapaz de implantar y aplicar un modelo de gestión para, entre otras cosas, promover la necesaria empatía con los clubs convenidos de los que en mayor o menor medida depende. Un modelo sobre la estructura de los equipos y la confección de las plantillas del futbol formativo. La falta de empatía e inseguridad que le caracterizan, unido a la falta de un protocolo o manual de buenas prácticas tendentes a fomentar el sentido de pertenencia necesario en cualquier organización que pretenda la excelencia, deja la cantera del Deportivo al borde del abismo, y eso solo tiene un nombre: ¡Fracaso!!

Albert Gil, después de 6 años como director de la cantera deja tras de sí un paisaje desolador. Su gestión ha sido nefasta, no ha sabido tomar decisiones, ha actuado por impulsos y en direcciones opuestas, casi tantas como entrenadores tuvo a sus órdenes. Ahora dice que el futbol base necesita una reestructuración, y saben en qué consiste esa restructuración para la gente que, como él, llegan al cargo por amistad y no por su valía. En eliminar a los técnicos que discrepan de sus formas y sus continuos cambios de criterio (que no de método porque ni lo tuvo ni lo va a tener, básicamente por su falta de conocimientos y experiencia), y colocar a sus amiguetes.

¡¡ Más de lo mismo!!

Pues bien, este individuo que en una empresa al uso seria cesado de inmediato. En el Deportivo se le premia con un ascenso a lo más alto. Una broma de mal gusto, pero de consecuencias desastrosas para los intereses de la entidad.

Hablemos claro: la cantera no necesita una restructuración, lo que necesita el fútbol base del Real Club Deportivo de la Coruña es una transformación total. Que se le  tome en serio de una vez por todas. Coruña es una ciudad de fútbol, hay materia prima suficiente para hacer algo grande. Para ello se necesita un proyecto sólido y ambicioso, bien definido con medidas a corto, medio y largo plazo. Un plan metodológico propio, una línea clara a seguir totalmente opuesta a la actual. Más allá de la propia ciudad, en el área geográfica de influencia del Deportivo, hay técnicos con vocación, talento y experiencia para llevar a cabo esa transformación.

El Deportivo necesita imperiosamente una identidad reconocible, y esa identidad difícilmente la puede fomentar o promover una persona ajena, social y culturalmente alejada del entorno al que pertenece el Deportivo. Nunca va a saber, ni le interesará, donde encontrar el personal técnico más capacitado e identificado con las necesidades del Club porque quedaría en evidencia.

El futuro del Deportivo, ahora más que nunca, pasa por la cantera. Necesita, por lo tanto, de ese proyecto de futuro en el que el presidente dice que no cree. O no sabe cómo desarrollarlo o quizá sus intereses sean otros.

Conclusión: En el Deportivo no existe un proyecto ni un plan metodológico adaptado a sus necesidades reales. Debido a esto, no existe un criterio claro de selección y formación, tal y como demanda una estructura moderna. Tanto la formación de potenciales futbolistas como la capacitación de sus técnicos ha sido obviada por su responsable: Albert Gil.

En fin…. en Abegondo reina el caos. Esperemos que Fernando Vidal enderece el árbol por el bien del RC Deportivo.