Cualquiera que conozca mi línea de opinión sobre el Deportivo sabrá que no tengo un afecto especial por Miguel Otero (a quien llegué a criticar con dureza en su día) y que incluso dentro del actual Consejo de Administración del club no es con quien más y mejor relación tengo. Pero la verdad es que no puedo evitar sentirme identificado con lo que ha hecho. Personalmente, tras la llegada de Tino Fernández, me ha tocado vivir cinco años enfrentándome al poder establecido, con la persecución que ello supuso. En realidad ese acoso me la traía al pairo, pero sí tuvo una consecuencia que me entristecía, el rechazo de muchos buenos deportivistas. Con el paso del tiempo comprendí que ese rechazo no era en realidad contra mí, si no contra lo que mi mensaje suponía, porque los obligaba a salir de su mundo de hadas deportivista y afrontar la cruel realidad de que podían haber sido engañados. Ya se sabe, es más fácil engañar a alguien que convencerlo de que ha sido engañado. Y más si le cae mal el que lo intenta convencer.

Al final la pelotita es la que determina absolutamente todo en el mundo del fútbol. Cuando entra se ignoran los problemas por graves que sean, pero cuando no entra cualquier anécdota se convierte en crisis institucional. Con el rotundo fracaso deportivo de Tino Fernández y Paco Zas, aquellos que habían rechazado durante años mis críticas hacia su gestión, las abrazaron tan fuerte que hasta llegaron a ser más cochomonistas que el Cochomono. “¿Cómo es posible que no te hayamos hecho caso antes?”, “era lo que llevabas diciendo todos estos años”…

Por las primeras reacciones del deportivismo tras el duro comunicado de Miguel Otero, he observado que se repite otra vez más nuestro particular Día de la Marmota. No aprendemos. “Il Messagero non é importante”, llevamos años de oscurantismo en la gestión del Deportivo y no podemos permitirnos el lujo de ignorar otra vez a alguien que da la voz de alarma a sabiendas de que se va a encontrar con la persecución de los que mandan y con el rechazo de muchos deportivistas. A unos compañeros deportivistas se lo expliqué así en nuestro grupo de Whatsapp: “Si el vecino con el que me llevo a matar me llama para decirme que mi casa está ardiendo, lo que hago es ir a ver si mi casa está ardiendo, porque es realmente lo importante, no me paro a juzgarlo a él ni a cuestionar sus posibles motivos para decírmelo. Después, con la certeza de tener mi casa a salvo, ya tendré tiempo de agradecérselo si era verdad o de partirle la cara si era mentira”.  Si no se os dan bien las metáforas, os lo traduzco: son irrelevantes los motivos por los que Miguel Otero ha publicado su comunicado. Lo que afirma es de tal gravedad que nuestra obligación como deportivistas es exigir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Cuando la sepamos, que cada uno haga lo que quiera, pero hasta conocerla no deberíamos tener fisuras entre nosotros.

Vaya por delante que no tengo nada en contra del actual Consejo de Administración. Al contrario, mi relación con él es amistosa por ambas partes. Como en cualquier gestión, hay cosas que me gustan (su labor social de normalización del entorno del club, haber recuperado las relaciones institucionales con el expresidente Lendoiro o la vuelta de Fernando Vázquez) y cosas que no me gustan (el organigrama deportivo, abrirle las puertas del club a Fran o que sigan desaprovechando la sabiduría y experiencia del expresidente Lendoiro en bien del Deportivo), pero nos guste esta Directiva más o menos, es irrelevante a la hora de afrontar las acusaciones publicadas por Miguel Otero.

La pelota está en el tejado del Consejo de Administración, y no pueden dejarla ahí como si no pasase nada. Esto sería una falta de respeto hacia el deportivismo, porque la pelota nos pertenece a nosotros (al menos de momento). La situación requiere respuestas firmes por varios motivos:

  • Tal y como titulo este artículo, quien ha escrito el comunicado no es el Señor Otero, es un actual Consejero del Real Club Deportivo de La Coruña. Un cargo que por derecho tiene acceso a toda la información del club y que conoce las motivaciones internas de todas y cada una de las decisiones. Poca broma.
  • Las incógnitas que se plantean en el comunicado de Otero son de obligada contestación para que los accionistas puedan decidir con conocimiento de causa su apoyo o su rechazo a la venta del club a Abanca. Necesitamos conocer el importe exacto de la deuda y su calendario de pagos, necesitamos conocer todos los detalles del acuerdo con Abanca, especialmente qué plazos e importes tendrá la capitalización de la deuda, necesitamos conocer el valor de los activos de los que dispone el club para valorar la necesidad o no de una venta a día de hoy, necesitamos saber si es cierto que no hay ninguna cláusula que impida el traslado del club a otra ciudad… En definitiva, necesitamos saber muchas cosas. En apenas unos días se prevé que sea convocada la Junta de Accionistas que supondrá la venta del Deportivo a Abanca. Sería absolutamente inconcebible que dicha convocatoria se hiciese sin arrojar luz sobre las dudas sembradas por el comunicado de Miguel Otero. El deportivismo se merece mucho más.
  • El acuerdo de Abanca no se negoció con la Directiva del Deportivo, se negoció con una candidatura a la Presidencia del club, la cual requería necesariamente del apoyo del banco para apartar al resto de posibles candidatos y ganar las elecciones. De esta forma, ante la nula fuerza de una de las partes en dicha negociación, siempre estará latente un posible acuerdo abusivo que perjudique al club.
  • Gran parte del apoyo recabado por Fernando Vidal le llegó por su contraposición al expresidente Tino Fernández. Es justo que se nos aclare si el señor Fernández está o no detrás de la jugada de Abanca, porque si acaba volviendo al Deportivo, el timo del tocomocho nos parecerá un engaño brillante y elaborado en comparación con el habremos sufrido.

Os digo de corazón que quiero salir de esta crisis con la unión del deportivismo con su Consejo de Administración. Ojalá las palabras del Consejero Miguel Otero sean fruto de una equivocación o de un calentón por alguna discrepancia interna y la Directiva vuelva a remar toda en la misma dirección. Pero este deseo no es excluyente de otro, el de que de una vez por todas entren luz y taquígrafos en Plaza de Pontevedra y se haga partícipe al deportivismo de toda la información sobre su club.

Porque mucho me temo que hay una lección que aún no han aprendido: da absolutamente igual el número de acciones del que dispongan (como si las tienen todas), si el proyecto nace con la oposición del deportivismo, ocultándole información o dejando indicios de intereses espurios, estará sentenciado de muerte desde el primer momento, y cuando no entre la pelotita se irá en contra de los que realmente mandan. Dudo mucho que Escotet quiera un activo como nuestro club cuando se empiece a hablar por toda la ciudad de que “Abanca sube y el Deportivo baja”.