José Manuel Dapena Varela

Abogado

Vaya por delante una confesión: aun siendo abogado, las Matemáticas me fascinan. Mis antecedentes personales me delatan. Por piruetas del destino en mi juventud pasé en pocos meses de representar a mi Instituto (el Agra del Orzán) en la Olimpiada Matemática, a cursar Derecho en la USC. Sin embargo, las leyes no borraron esa fascinación a la que aludía al principio. Todo lo contrario.

Por eso, cuando leo que la nueva ley educativa (LOMLOE) pretende relegar o minusvalorar a las Matemáticas dentro de los Bachilleratos de Ciencias y Tecnología, y de Ciencias Sociales (al eliminar, de partida, su carácter de materia obligatoria), siento la necesidad de alzar la voz, por si este pequeño artículo ayuda a corregir una errónea deriva. De sabios es rectificar y existe todavía margen para enmendar este desvarío. Las excusas de técnica legislativa y de desarrollo normativo posterior resultan endebles. Mejor, desde el principio.

Tuve la buena fortuna de disfrutar de excelentes profesores de Matemáticas. En el Colegio Eusebio Da Guarda, con la pedagogía de la época de la EGB, se centraban en el cálculo. En BUP y COU mis maestros me transmitieron su entusiasmo y su amor por esta ciencia. Saber calcular es importante. Saber matemáticas supone saber qué cálculos hay que hacer en cada momento.

La forma en que te enseñen las Matemáticas influye desde luego en cómo puedas acabar amando u odiando esta asignatura. Si te dicen (sin más explicación) que la siguiente sucesión de números naturales “0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, …” es la serie de Fibonacci, te parecerá un dato frío, sin más, destinado a ser memorizado y olvidado a la menor oportunidad. Sin embargo, si te enlazan esta sucesión con el número áureo y además te la relacionan con el apareamiento de los conejos, los pétalos de las flores, los segmentos de las piñas o las conchas de los caracoles, no te olvidarás de Fibonacci jamás. Por contra, se despertará tu curiosidad para saber más. Y hasta te echarás años unas risas, años más tarde, con la invocación a Fibonacci en el arranque de la celebérrima novela/película “El Código Da Vinci”.

Y ya que hablamos de risas…: de risa parece la intención de eliminar las Matemáticas como asignatura básica o troncal de los Bachilleratos de Ciencias.

Las Matemáticas las encontramos en todas partes en nuestra vida ordinaria, ya sea de “normalidad”, o de “nueva normalidad”. Ni nos damos cuenta de la inmensa cantidad de aplicaciones matemáticas que nos rodean (códigos de barras, porcentajes de descuento, reglas de tres, conversiones, vías de investigación para combatir al COVID-19.., o análisis de resultados electorales… -ahora que tenemos en Galicia el 12 de julio a la vista-).

Durante el confinamiento por la pandemia los medios de comunicación nos han bombardeado con curvas,  estadísticas,  porcentajes…, no siempre adecuadamente explicados y no siempre correctamente entendidos. En las redes sociales he llegado a leer “razonamientos” de este tenor literal (advierto que puede herir la sensibilidad del lector/a):

Cuántos menores  de 16 años hay en España en índice de población: 15’29%.
Entonces cómo puede haber un 30% de pobreza infantil
”.

Así, sin rubor y sin despeinarse, con ínfulas incluso de <¡¡te pillé!!>.

Es evidente que una sociedad ignorante o mal preparada es más vulnerable a la desinformación y a la manipulación. Por ese motivo materias como la filosofía, las matemáticas o el lenguaje (¡ay, esa comprensión lectora!) devienen fundamentales para el razonamiento cotidiano básico. Y por eso en Matemáticas tampoco se puede olvidar el lenguaje. De hecho (no sé si de modo paradójico) se emplean más letras que números en fórmulas y teoremas matemáticos.

En la era de los datos, se reclama socialmente una mejora de la alfabetización matemática y de la comprensión lectora. Si no se estudian las Matemáticas de modo troncal en los Bachilleratos de Ciencias, al final perderemos todos. Menos base, menos nivel. En un mundo globalizado y competitivo, quedaríamos relegados.

Reconozco que resulta más fácil hablar de este modo de las Matemáticas (y defender su relevancia -¡cuanto más, si se va a cursar un Bachillerato de Ciencias!-) viviendo en una ciudad como A Coruña, con una envidiable Red de Museos Científicos, como la Casa de las Ciencias; con asociaciones y entidades dedicadas año tras año a la divulgación y al conocimiento; y donde incluso una calle lleva el nombre de una ilustre matemática coruñesa: María Wonenburger, pionera y referente (es de resaltar, llegado este punto, que hoy en día más del cincuenta por ciento del alumnado de 1º de Matemáticas en la USC son chicas; entre ellas, mi hija pequeña: sí,  el karma… jjjjj).