Ha pasado un día desde que nos abandonase de manera prematura Michael Robinson, uno de los personajes más entrañables, influyentes e innovadores a nivel comunicativo en el fútbol español. Cuando me detengo a pensar en la primera vez que vi en televisión a “ese inglés”, que dificilmente podía entender por su graciosa y errática pronunciación del castellano, se amontonan los recuerdos de mi infancia ligados al fútbol y a todo lo que conllevó una época dorada para los de mi generación

Michael Robinson, el ‘irish’ de Leicester, ariete aguerrido sobre el verde pero bonachón como pocos fuera de él, aterrizó en 1987 en nuestro país de la mano de Osasuna procedente del Queens Park Rangers. Tan solo pudimos disfrutar de su fútbol durante apenas tres temporadas, antes de que una lesión le obligase a colgar las botas y afincarse definitivamente en España para, poco tiempo después, acercarnos brevemente a la liga inglesa (más tarde Premier League) como periodista en el programa Estadio 2 de TVE. Allá por 1990 y como apuesta personal del gran Alfredo Relaño, daría el arriesgado pero a la postre exitoso salto para convertirse en todo un icono televisivo gracias a la irrupción de Canal + en las pantallas de todos los hogares y bares españoles. Una vuelta de tuerca a cualquiera de las maneras de transmitir el fútbol conocidas hasta ese momento dentro de nuestras fronteras, formando equipo con Carlos Martínez, Josep Pedrerol, Joaquín Ramos Marcos o Nacho Lewin en una revolución televisiva que hizo las delicias de los aficionados al balompié y que hoy en día aún perdura aunque, por supuesto, ya no era lo mismo desde que él abandonó el programa.

Estos días he tenido el gusto de leer y visualizar cientos de palabras emotivas, imágenes preciosas y vídeos para la historia en los que se hace homenaje a la persona de Michael Robinson. Pero si tengo que quedarme con una sin dudarlo, es la que compartía en la red social Instagram mi gran amigo desde la adolescencia y compañero de profesión y medio Alex Soto, la portada del PC Fútbol con Robinson a la cabeza. Sí señoras y señores, esa simple imagen de un videojuego despertó ‘ipso facto’ en mi cabeza un torrente de recuerdos que me trasladó a mi infancia barra adolescencia. Porque además de ser un friki sin complejos del deporte rey, reconozco que también lo soy de los videojuegos y el PC Fútbol con Robinson como abanderado tiene mucha culpa de ello, si no toda.

El haber nacido en A Coruña a mediados de la década de los 80, crecer al mismo tiempo que mi querido y amado Dépor (por aquellas Súper) en los 90 junto con el estreno de Canal + en España, fue como si todos los astros se alineasen para regalar a los de mi generación, los que estamos en los 30 y tantos, una infancia llena de momentos inolvidables, llevando nuestros más profundos sentimientos a flor de piel cada fin de semana. A todo esto hay que sumar también la aparición de las primeras tecnologías informáticas domésticas, lo que viene siendo tener ordenador en casa, vaya.

Recuerdo perfectamente las Navidades de 1994, el año del penalti de Djukic, cuando uno de mis regalos era un delgado envoltorio que parecía ser simplemente eso, papel. Y claro, es que era una revista con Michael Robinson en la portada y un disquete de los de antes, era simple y llanamente ¡El PC Fútbol 3.0! Ni Fort Bravo, ni Subbuteo, ni Gijoes, ni leches… aquel fue uno de los mejores regalos de mi vida, y mis padres lo sabían. Lo que pude disfrutar de ese juego con 10 años en mi PC 386 no está en los escritos, seguro que muchos lo entenderéis.

Tan solo dos años más tarde llegaría la guinda del pastel, me regalaron en Nochebuena el modernísimo PC Fútbol 5.0 de CD en el que los muchachos de Dinamic Multimedia con Gaby Ruiz y su hermano a la cabeza, tiraban la casa por la ventana… y la mía. Ese juego fue el motivo por el que mi padre se decidiese a renovar el ordenador de casa y adquirir un Pentium I, un pepino para la época, solo para que el friki futbolero de casa, o sea yo, pudiese al fin catar un juego que llevaba 2 meses esperando a estrenar. Durante ese infinito impasse de tiempo no os imagináis la de veces que me quedaba embobado mirando a Robin, con el flamante balón blanco de Nike que estrenaba la Liga española entre sus manos, esperando el momento de hincarle el diente a semejante tesoro. La revista por su parte me la debí de leer más veces que el libro de Coñecemento do Medio.

El nuevo ordenador llegó a casa y, como no podía ser de otro modo, se colocó en el escritorio de mi habitación. Por aquellos tiempos los días de semana transcurrían entre las clases de mañana, de tarde, hacer los deberes, estudiar y los entrenamientos de ‘futbito’ con el equipo de mi cole, el Hogar de Santa Margarita, y de ‘fútbol grande’ con el mítico Victoria, así que no había tiempo ninguno para el ordenador, además de que estaba terminantemente prohibido por mis padres hasta que llegase el fin de semana.

Ahí me veías a mí el viernes después de comer, haciendo los deberes ‘a fuego’ para tener toda esa tarde y el finde libre. Ir a Riazor si el Dépor jugaba en casa, escuchar a José Gerardo por Radio Voz si jugábamos fuera, pachangas con los amigos, partidos oficiales, los sábados de Premier League a las 13:00, los domingos de comida en la aldea… y sí, el aparato de Canal + que teníamos hizo más kilómetros que ni sé para vernos en familia los partidos de las 19:30, da igual que fuese un Deportivo – Real Madrid o un Logroñés – Mérida porque lo que hacían Robin y compañía era puro espectáculo. Aun así había una cosa que no fallaba, los viernes por la tarde nos juntábamos tres amigos y mi primo Santos (al que por cierto Robinson llamó “intrépido chaval” cuando fue protagonista en ‘Lo que el ojo no ve’ de ‘El Día Después’ en un Dépor-Celta por algo que no contaré) para echarnos una viciadas maratonianas de PC Fútbol 5.0 donde las horas corrían en un pestañear de ojos. Que si me cojo al Endesa As Pontes para subirlo a Primera, hago el truco de fichar a Overmars gratis y lo vendo por un pastizal para hacerme rico, que si yo me pillo al Dépor de Rivaldo para ver si safo de los malditos números rojos en el presupuesto, ficha a Raúl Martínez del Valencia B que es una quemada, las ligas Promanager, un pavo que conozco dio fichado a Savio del Flamengo (mentira todo, era imposible)… son tantos los recuerdos, que de una sola tarde podría escribir una novela entera basada en ella.

Y llegaban los lunes, i hate Mondays… pues no amigos, los lunes molaban mucho y eran por dos motivos. El primero era llegar al cole y comentar la jornada liguera con los amigos y compis de clase, mientras la o el profe de turno nos llamaba la atención 200 veces, y segundo porque a las 20:30 tenía una cita ineludible para deleitarme con ‘El Día Después’ junto con mis padres y mi hermana. Creo que sobran las palabras sobre este programón que conducía primero Nacho Lewin y años más tarde ‘Lobo’ Carrasco o Josep Pedrerol, pero en el que no fallaban nunca Joaquín Ramos Marcos, Raúl Ruiz, Maldini y como no… Michael Robinson. Podría asegurar y no me equivoco, que este programa consiguió que incluso los que pasaban olímpicamente o ni se interesaban por el fútbol, se enganchasen irremediablemente por él, al programa en sí. Porque hablando en plata, mal y rápido, ¡eran los putos amos!

¿Y en verano que hacías sin el fútbol del Plus y ‘El Día Después? Que pregunta… siempre estaba el PC Fútbol y Robinson, y ahí sí podía darle caña todos los días claro. Las mañanas eran de playa: Riazor, Barrañán, Miño… las comidas en familia, las tardes de fútbol y bici con los amigos y los primos, en agosto el Teresa Herrera, pero ay las noches… de 22:00 a 00:00 eran religiosamente de PC Fútbol. Buenas enfermadas y piques me tengo echado sobre todo con mi primo Santos y su Cacereño que parecía el Milan de Sacchi, al que llevó incluso a ganar la Champions League, ahí es nada. Cuando tocaba ir a la aldea de vacaciones, a Málaga a ver a mi abuela o de viaje con mis padres y mi hermana estaba vetado, tampoco tenía mono ya que me entretenía con cualquier cosa, pero cuando volvíamos a Coruña…  retomaba el “dichoso jueguecito de marras” como decía mi madre, no había fallo. Con el tiempo me di cuenta de todo lo que aprendí de geografía y por ende de historia gracias al vicio que nos metió encima Dinamic, ya que conocer países y ciudades por medio del PC Fútbol e investigar por mi cuenta, fue casi tan fructífero como las clases de Sociais de Mari Mar en el colegio.

Supongo que para muchos pareceré un frikazo con todo esto que os cuento, y vaya si lo soy, a mucha honra. Pero otros de mi quinta fijo que se sienten identificados con mis vivencias bebidas de un juego que marcó a toda una generación y una pasión por el fútbol, siempre de la mano del Canal + y con el por siempre eterno Robin como telón de fondo. Porque como dicen, “la infancia es un patio en el que juegas toda tu vida, seas consciente o no”.

Ahora os dejo, que me tengo que echar unos vicios al 5.0 a ver si logro evitar que el Dépor se me caiga en número rojos, again.

¡Esta partida va por ti, Sir Michael Robinson!