Por Roberto L. Moskowich

Algunos de mis más fieles lectores (h-m) me trasladaron su extrañeza porque, tras haber escapado del “Coronavirus” en mis viajes a Irán y Valencia, no tratase un tema tan grave y de tanta actualidad en mis artículos e informaciones diarias. La verdad es que razón no les falta, y por eso voy a tratar de corregir tamaña omisión informativa, aunque si lo hice es porque consideré que hay abundante y sobrada información diaria en todo tipo de medios de comunicación a nuestro alcance.

Por cierto, esta pandemia me recuerda el virus del “SARS” del año 2003, que se declaró en Hanoi (Vietnam). Ese año viajé a Nepal y al Tíbet, y al pasar por los aeropuertos de esos países, además del de Doha (Catar), nos hicieron el correspondiente test. Recuerdo que al lado mismo del control de policía había una habitación con un rótulo en rojo que ponía en inglés “Quarantine” (Cuarentena), y que uno de cada diez o doce pasajeros era desviado a ese temido habitáculo. Es de resaltar que, según los expertos, el virus del “SARS” es un 80 por ciento similar al del Coronavirus actual.

Ahora que, lamentablemente, se ha confirmado lo que era de esperar: la acertada prolongación de la “Cuarentena” impuesta por el Gobierno de España, y tendremos que estar encerrados en nuestras casas hasta el 12 de abril próximo, creo un deber con mis amables lectores (h-m) referirme ya al tema del maldito “Coronavirus”.

Vaya por delante que, aunque parezca mentira, hay gente que actúa como si el mundo entero no estuviese en guerra contra el Coronavirus. Son unos irresponsables que echan por tierra los esfuerzos de muchos millones de ciudadanos que cumplimos a rajatabla con las instrucciones gubernamentales.

Cabe decir que, pese a injustificables voces políticas discordantes, España va por delante de muchos países en la toma de medidas. El propio Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lo corroboró al afirmar: “España está en la vanguardia en la toma de medidas drásticas para hacer frente con el menor coste de vidas posible”.

Se trata de medidas durísimas, que no aflojarán mientras no baje la actual curva ascendente de infectados por Coronavirus. Las sanciones, multas en efectivo y detenciones van en aumento y llegan ya a más de diez mil, lo mismo que las propuestas de sanción y las denuncias a las correspondientes instancias gubernativas, que superan las cien mil en toda España.

De todos modos, cabe resaltar el ejemplar comportamiento de la inmensa mayoría de los españoles. Desde el primer momento, en mi entorno, en el que abundan restaurantes, cafeterías, pubs, hamburgueserías, pizzerías, panaderías, mesones, karaokes, pastelerías, chocolaterías, comercios y hoteles, cerraron de inmediato todos los negocios que carecían de permiso para seguir abiertos, como se puede ver en la primera foto de mi manzana, y las calles estaban prácticamente desiertas, según se aprecia en la segunda fotografía.

En un principio hubo algunos grupos de personas que “entraron en pánico” provocando el desabastecimiento de productos de primera necesidad, destacando curiosamente el “acaparamiento” de papel higiénico…. Actualmente esa situación está prácticamente superada, y los supermercados, tiendas de alimentación y farmacias presentan sus estanterías más o menos como antes de declararse el Estado de Alerta para los 47 millones que conformamos la población de España.

España, como la mayoría de los países, no estaba debidamente preparada para semejante pandemia, por eso no debe extrañarnos que faltasen medios para combatir el Coronavirus, pese a que inicialmente el Ministerio de Sanidad distribuyó cientos de miles de mascarillas entre las Comunidades Autónomas. Y también es de resaltar que nuestro país ha dado muestras de su capacidad de producción del material necesario para combatir el Covid-19.

Una vez más, los españoles estamos demostrando que no nos arredramos fácilmente frente a las adversidades, por tremendas que sean como lo es el Coronavirus. Pese al confinamiento obligado que nos mantendrá un mes en casa, la gente se muestra más animada y todos tratan de hacer más llevadero el encierro a los demás, desde los balcones, terrazas y ventanas, con música en directo o enlatada, caceroladas, y hasta una “Semana Santa” de un balcón al del otro lado de la calle, o las “Fallas caseras” de mis queridos amigos valencianos.

Este parón inicial de un mes (tras la prórroga de dos semanas) está causando grandes quebrantos de todo tipo. A los estudiantes, que ven aplazadas sus pruebas y tiene que recibir clases virtuales, aumentando la incertidumbre de cara al futuro de esta “generación del Coronavirus”; a los autónomos, que ven reducidos drásticamente sus ingresos; al comercio y la industria, que ha tenido que cerrar y, en numerosos casos, recurrir a “ERTES”; a los transportes; al deporte en general, que ha tenido que suspender desde competiciones locales a grandes Ligas de Fútbol, NBA, Campeonatos de Europa y del Mundo e incluso aplazar los Juegos Olímpicos de verano; Congresos y eventos Mundiales de todo tipo;  y un interminable etcétera.

A mí me ha privado de mis habituales exposiciones, conferencias, presentaciones de libros, simposios, conciertos, promociones comerciales, congresos…. e incluso de “papatorias” varias. Tuve que suprimir mis espaguetis boloñesa de los viernes en “El Rincón de Ger”, en recuerdo de mi excelente amigo Germán Pereiro, y el gran Cocido del Grupo Perillo 15172, entre otros asuntos de carácter gastronómico. En cuanto a viajes, sufrí la suspensión del “Rally La Coruña-Desierto del Sáhara, en todoterreno 4×4, que íbamos a hacer en la Semana Santa 2020.

Sin embargo, esta “Cuarentena” está sirviendo para “desempolvar” muchas cosas positivas que habíamos casi olvidado, incluso familiares y amistades que teníamos un tanto abandonadas. Como en los tiempos en que surgieron el “Decamerón”, de Bocaccio (que figuró largos siglos en el “Índice” de libros prohibidos por la Iglesia Católica), llevada al cine en 1971, dirigida por Pier Paolo Pasolini y música de Ennio Morricone; “La peste”, de Albert Camus, que en 1992 dio lugar al film del mismo nombre dirigido por Luis Puenzo; o “El amor en los tiempos del cólera”, de Gabriel García Márquez, llevada al celuloide en el año 2007, con Mike Newell como director con música de Shakira.

Mis amigos artistas, escritores, creativos varios, están aprovechando tan largo y forzoso encierro para realizar nuevas obras. Yo, a través del correo electrónico, Facebook y WhatsApp, recibo algunas muestras de sus creaciones. Lo más reciente ha sido un poema anti-Coronavirus de la escritora y poetisa coruñesa Esther López Castro, que anteayer reenvié a muchos de mis amigos y contactos, y que tuvo gran aceptación.

También las relaciones personales se están viendo férreamente afectadas en este confinamiento, aunque traten de mantenerse de una forma virtual a través de los diferentes medios telemáticos e informáticos que hoy tenemos a nuestra disposición. No cabe duda que el amor “exterior” tendrá que esperar, aunque también estoy seguro que el “interior” se ha incrementado exponencialmente, de cuyas consecuencias positivas poblacionales seguramente tendremos abundantes noticias en los meses de diciembre y enero próximos….. ¡Ojalá sea así!. Porque estoy plenamente seguro de que más de uno, o una, que ahora no pueden “arar” en campo ajeno o “prohibido” seguro que estarán “labrando” más que antes en el desatendido terreno familiar….

Con el fin de incrementar la eficacia de la lucha contra el Coronavirus, el Gobierno redujo los transportes públicos de forma drástica, tanto a nivel nacional como internacional, y el movimiento de pasajeros cayó entre un 80 y un 90 por ciento. Trenes, autobuses y aviones están bajo mínimos y, por ejemplo, en el Aeropuerto de La Coruña operan solamente un diez por ciento, mientras el Puerto ha suspendido más de media docena de visitas de cruceros este mes. Debo resaltar que continúan el resto de actividades, incluidos los grandes petroleros (como se ve en la tercera de las fotos) y buques de carga y pesqueros, que mantiene abierta la lonja y el tráfico de mercancías.

Mis “Corresponsales Internacionales”, que integran mi red propia de información, constituida por guías, agentes de turismo, hosteleros y chóferes de más de medio mundo que he conocido durante mis viajes, me mantienen diariamente informado (a través de WhatsApp, Facebook, y correo electrónico) de lo que sucede en sus países. Ellos me han confirmado, uno tras otro, que en sus respectivos lugares han tenido que imponer cuarentenas y tomar medidas muy serias para tratar de frenar el Coronavirus.

Por suerte, la vida sigue, y así hemos podido asistir a la llegada de una nueva Primavera, esperanzadora circunstancia que tuvo lugar a las 4.50 horas del pasado sábado día 21, justo al cumplirse la primera semana de nuestro obligado confinamiento. De ello dan fe las bellas flores de mi terraza y del interior de mi casa (cuarta foto), así como las de los vecinos que puedo ver desde mi privilegiada atalaya. Por cierto, el día 140320 planté un esqueje de una planta que cogí en el Hotel Santa Cristina, en recuerdo del primer día de la Cuarentena en España, y es tan agradecida que ya está echando flores, según se puede comprobar en la quinta foto de este reportaje.

Yo, que tengo la enorme fortuna de recorrer gran parte del mundo, les diré que, en mi modesta opinión, necesitábamos una “fuerte sacudida”. Estoy plenamente convencido de que a la gran mayoría de ciudadanos del mundo este maldito Coronavirus nos hará mucho mejores y que, de nuevo y afortunadamente, las personas volveremos a estar por encima de las cosas y de las tecnologías. ¡Así sea, y que todos lo veamos!.

(Fotos: Lajos Spiegel)