Cuando el 27 de mayo del año pasado (parece que hablamos del Pleistoceno, pero fue “anteayer”), en una truculenta maniobra propia de trileros, algunos de los máximos accionistas decidieron resquebrajar el deportivismo haciendo pinza para que, el accionista que representaba la mayoría de acciones en la Junta de Accionistas, lo denostaron intentando humillarlo votando en contra de su candidatura, situación que no gustó al deportivismo, para luego en su discurso de bienvenida,  el elegido presidente, alabando los atributos de macho de Constantino Fernández y vapuleaba la gestión de Augusto César Lendoiro, recordándole la mochila recurrente para culparlo de todos los males del RC Deportivo

El Consejo de Administración del 27 de mayo fue manejado desde bambalinas con hilos del chin pan pun en el escenario del teatro de marionetas por el anterior presidente. El tiempo, Juez insobornable, da la razón a quienes pedían un cambio radical del personal directivo y deportivo, la intransigencia del CA casi lleva al RC Deportivo a la desaparición, siendo colista de la tabla clasificatoria.

Llegar a jugar Play Off de rebote, hizo ocultar momentáneamente el “hacha de guerra”, lo cual no significaba aceptación de la tropelía cometida, sino más bien, una actitud responsable de una hinchada más inteligente de lo que los dirigentes del RC Deportivo  pensaban. Es más, esa misma afición fue vergonzosamente excluida de su papel fundamental de apoyo al equipo, cuando para el decisivo desplazamiento a Mallorca, se le negó “el pan y la sal”. Y apenas se oyeron voces discrepante. Una vez más, los silencios cómplices de quienes deberían alzar la voz, como rameras en rastrojo callaron por conveniencia propia.

Pero el abono ya estaba echado y, en vez de disolverlo, los “hombres de Paco” decidieron aumentarlo en pretemporada (diseños insultantes de indumentaria, políticas sociales erráticas, silencios, equivocaciones en ruedas de prensa, problemas con el Bergantiños, etc). Pero además, sucedió lo más importante: el equipo no ganaba “ni a la ONCE”, no luchaba por el ascenso, se mete debajo de la tabla y alcanza el último puesto a nueve puntos de la salvación…

Era visto que el deportivismo tenía dos caminos: o no acudir al Estadio, o protestar en el mismo. Eligió los dos. Y tuvo que insistir durante muchas jornadas. Había demasiados altavoces en Riazor que ahogaban–cuando no distorsionaban-escuchar el clamor popular. Y la situación se volvió insostenible (en otros lares, nos consta que hubiera acabado mucho peor, por lo que la entonces dirigencia deportivista debía agradecer la benevolencia santoral de una masa social con paciencia infinita).

El club se convirtió en un cadáver, sí con todas las letras y con todo su “cheire”. Su única posibilidad era esperar la losa de enterramiento y rezar en busca de un proyecto milagroso para la 2ª B. O como muchos pretendían, enterrarlo definitivamente para buscar culpables en directivas de tiempos pretéritos y hacer con ellos escarnio público. Es decir, división y más división social. Ahora se apuntan los Juan Simón a los momentos de vino y rosas,

Pero en estas historias, siempre surgen personas inteligentes y valientes, dispuestas a luchar por resucitar a un muerto, al más puro estilo Lázaro. “Levántate y anda”. Y en vísperas del año nuevo, el DEPOR resucitó. Es obvio que el buen hacer de la doble FV (siglas mágicas para la historia deportivista) constituye la causa del efecto logrado: la ciudad vive un éxtasis de ilusión con impredecible final. Y no por los resultados (qué también), sino por todas las actuaciones efectuadas con sumo acierto por el nuevo grupo dirigente.

En consecuencia, ahora ya se nota que hay proyecto, hay ilusión, hay ganas y hay profesionalidad. No debemos perder de vista de dónde venimos. Pero visto lo visto e intuido lo que pueda venir, quiero ser Segismundo y soñar, aunque los sueños, sueños son.