DEPOR LEAKS

Socio y accionista RCD

Y es que, desde hace pocos años, nuestro querido club se ha convertido en eso: al igual que la Iglesia Palmariana de la Santa Faz funciona como una fotocopia burda y errónea de algo mínimamente parecido a lo que fue la iglesia católica hace un siglo, nuestro querido DEPOR se ha tornado en un cortijo sectario, donde sus rectores se mantienen de la historia e imagen de lo que el club fue hace no mucho tiempo…

En el club, la Faz que pulula no es Santa, sino más bien dura y de gran tamaño. Aquí no tenemos un “Papa Clemente” sacado de los bajos fondos, pero sí una efigie presidencial, extraída de la ruina, para exhibir cuando los feligreses demandan un líder. Tampoco tenemos un Secretario de Estado de la Iglesia que lleve las finanzas de la Orden, pero sí un “monje” director, autoproclamado general y plenipotenciario, que haría palidecer a cualquier erudito del mundo financiero.

Bajando en el escalafón, no encontraremos un Obispo que dirija a sus misioneros para la captación de nuevos miembros, pero sí tenemos un padre Carmelita que patronea a los suyos –y a los ajenos- para la búsqueda de talentos de diversas especies y naturalezas, también con plenos poderes en su misión captadora.

Llegados a este punto, nos preguntaremos: y cómo llegan al gran público, al que a la postre sirve para mantener el “tenderete”? Pues al igual que en El Palmar, el club dispone de otro “monje” con su Voz, que lo mismo nos muestra al “papa” erigido en salvador de la humanidad, que al monje conseguidor de financiaciones exclusivas, o al padre Carmelita trayendo al último bastión de la fe desde lugares inexpugnables para el resto de la comunidad.

Y para no ser menos que en la Iglesia Palmariana, en el Club no se predicará en latín, pero los mensajes solo los comprenden los muy estudiosos. Las mujeres no tienen que llevar velo, pero es aconsejable que no se prodiguen en redes sociales. No se prohíbe ver cine, pero hay muy pocas “películas toleradas”. No existe la excomunión, pero los que abandonaron el barco (especialmente los que lo amarran) han sido proscritos.

Y por supuesto, al igual que en El Palmar, su fundador ya ha sido canonizado, elevado a los altares, y convertido en salvador de la feligresía militante para la posteridad.

Si los resultados no llegan, ya saben: a seguir implorando con más fuerza para que las “cosechas” mejoren. Porque al final, como dice la canción, “la vida es un carnaval”…