DEPOR LEAKS

El pasado 6 de septiembre, se cumplieron los 100 primeros días del mandato conferido a Paco Zas y su Consejo, en la asamblea accionarial más bochornosa e insultante de la historia de nuestro querido club. Ese plazo de los CIEN días, se concede habitualmente en política para no juzgar al nuevo gobierno entrante, entendiendo la necesidad de un período para ponerse al día en los temas pendientes.

Pues bien, ese mismo plazo de cortesía se pidió desde diversos foros deportivos (que no deportivistas) para no valorar las “hazañas” de la nueva directiva, habida cuenta de su más que notoria inexperiencia en gestión de clubes deportivos, del mismo modo que se le concede a los gobernantes novatos.

Llama la atención -una vez más- que, vencido el plazo, ninguno de los altavoces causantes de la gracia se hiciera eco de su fin. Sin duda, motivados por la más rabiosa actualidad del propio club, y de los excelentes resultados  producidos…

Más allá de ironías, esa asamblea de 28 de mayo vino precedida por la dimisión en bloque del anterior consejo que, a su vez, venía originada por la decrepita campaña deportiva, social y económica producida durante su mandato. Es más, la gota de colma el vaso y provoca el cese de Tino y su consejo es eso, solo una gota (gritos de directiva dimisión después de la enésima derrota) dentro de un océano, donde flotaron eslóganes (o hastags) como “limpeza no clube xa”, “que se vaian todos”, etc.

Pero llegado al presente, es evidente que la nueva directiva de Zas (aún saliendo “viciada de origen”, detalle capital para entender sus decisiones) no se percató de ninguna de las exigencias de la afición, dando continuidad a todos los responsables directos de los desmanes cometidos. Dicho de otro modo: las reivindicaciones deportivistas no se agotaban en la marcha del consejo saliente. La exigencia iba –y con razón- hacía las personas delegadas por este que son tan responsables de la situación de caos que vive la entidad blanquiazul en todas sus áreas de actividad. A buen entendedor, pocas palabras bastan: citar nombres o cargos sería una auténtica necedad, puesto que son públicamente conocidos.

Pero volviendo al caso, y sin perder de vista todo lo anterior, el nuevo consejo deportivista aún no es conocido (ni reconocido) por el hincha deportivista, al que –muy a su pesar- se debe. Resulta incrédulo cómo, pasado el plazo de gracia, todavía se desconozca su proyecto institucional a corto, medio y largo plazo (si lo hay). Es sumamente curiosa la ausencia de una explicación pública sobre sus objetivos en este mandato. Ya no digamos nada de sus -inexistentes- aportaciones a la causa deportivista, más allá de algunas intentonas de llevar “negocietes” propios o jugar con influencias empresariales, efectuadas por algunos consejeros.

Todo esto evidencia lo caricaturesco de la nueva directiva y su carencia total de plan para la institución. En este “déjà vu”, el Club queda abocado a ser una especie de organismo que recibe los fondos económicos de la Liga y sus abonados (en ingresos, su mérito es cero) para gestionarlos de la manera que se está haciendo: desmantelamiento patrimonial, fichajes inexplicables, gastos bochornosos en personal no deportivo, endeudamiento en despidos, escandalosas aportaciones a gacetilleros, prebendas a aduladores… Y en definitiva, desprecio total y absoluto hacia la masa social deportivista, verdadero patrimonio de la institución centenaria.

Llegados a este punto, los auténticos deportivistas (descartando a interesados) deben cuestionarse si realmente quieren esta situación ruinosa o están dispuestos a exigir con contundencia y eficacia un cambio total en los modos y personas que gestionan nuestro club. ¿Queremos el cortijo sectario de algunos o un DEPOR (de) TODOS?