He pasado por un momento delicado de salud, que me ha servido para reflexionar en una de las habitaciónes del CHUAC, me di cuenta que jamás he temido a la muerte, se muere solamente una vez. Reflexiones en la espera previa a la operación sobre los valores que debe adornar al ser humano.

Soy una persona que teme equivocarse, a perder las formas por mucha razón que pueda tener, y muchas más situaciones de la vida, las que marcan el buen hacer diario que nos distingue de los animales.

Mi naturaleza es de observador, callar cuando le discreción es la máxima del señor, tomar mis decisiones sin que nadie ni nada me influya, es una de las cualidades de mi carácter, ser fuerte y hacer prevalecer la personalidad que envuelve el traje del alma.

En mi estancia en el CHUC me he dado cuenta que temo al dolor, al silencio de las palabras que sin decir hablan en la agonía de los silencios. Temo a las despedidas, perder a quien realmente me interesa, a esa mirada que sin hablar es elocuente. No me gustan los amores ocasionales, ni quienes se esconden en redes sociales para saber cómo es mí día a día.

No me importan las personas que mienten, la mentira tiene las patas muy cortas, la verdad siempre termina sabiéndose. Tampoco me interesan las personas envidiosas, compartir con mi gente y disfrutar de sus éxitos, es la mejor medicina para el alma.

En la soledad del postoperatorio me reía pensando que soy de diálogo y de miradas, polvorilla y genio cuando es preciso, pero amigo de mis amigos, no creo tener enemigos ni orgullo, lo dejo para los necios. Reconozco que los reproches no llevan a buen puerto y no son agradables, pero eso solamente lo valoras en frío y se aprende con el tiempo y la calma.

Vivimos en un pueblo con semáforos, en donde si no lo sabes te lo cuentan, pues los infelices no están nunca ocupados con sus vidas y se inmiscuyen en las de los demás, eso ya es costumbre, forma parte de la idiosincrasia de la ciudad de Cristal .

Cuando alguien piensa que viene yo ya estoy empadronado, y solo ante eso saco mi mejor sonrisa y digo «No se puede ser inteligente sino se tiene sentido del humor”.

No quiero finalizar mi reflexión, sin darle las gracias al personal sanitario de la planta décima del CHUAC, personal auxiliar, enfermeras, médicos, a todos en general, el trato recibido es propio de un hotel de cinco estrellas.