¿Dónde están ahora aquellos los que decían que teníamos persecución hacia Santos? En el mes de enero avanzamos todos estos hechos, la pérdida de apoyos y los movimientos de silla que se iban a producir. Así, los que nos calificaban de todos los colores, supongo que ahora se callaran y se morderán la lengua. 

El fracaso se consuma a pasos agigantados en la figura de Álvaro Santos, electo concejal donde se anclará en el sillón municipal del concello de Lugo (escapó de Friol, era consciente del fracaso socialista y había que amarrar un sueldo) el cual suma y suma  enemigos internos en su partido, sin ningún tipo de control y con el riesgo de acrecentarse cada vez más.
Si ya fue un auténtico disparate por parte del PSOE,  colocar a alguien sin ningún tipo de liderazgo, ni de sumar diferentes sensibilidades, bajo la premisa errónea de Darío Campos, en lugar de que entraran otras personas con más capacidad de gestión, le puede pasar factura al bueno de Campos, en la actualidad está contra las cuerdas del ring político, solo tiene dos opciones. Una, caer junto a Santos y la otra, dejar caer a Santos.
La única parte del enigma clara que tiene la dirección nacional del PSdeG, es que Álvaro Santos Ramos caerá si, si, si o si. Se entiende que es el peaje por el gran número de enemigos internos dentro del PSOE y de la propia Diputación, que él mismo fue tejiendo. Gonzalo Caballero no quiere intolerantes, ni políticas de enfrentamientos, el avance político se consigue desde la unidad del Partido
En este escenario, con guerras cainitas continuas y sin ningún tipo de control, Álvaro Santos fue perdiendo apoyos, muchos de ellos artificiales y prestados por el «político amortizado»,  Gómez Besteiro, desde la sombra, aunque se equivocan algunos contertulios colocando al capitán Besteiro y al grumete Santos en el mismo barco. Más bien, el barco es un tanto diferente y ambos no viajan en el mismo, además Besteiro lleva puesto el chaleco salvavidas.
Dicho todo esto, la franca debilidad del PP a nivel Nacional, a pesar que mantuvieron el liderazgo en la provincia de Lugo en número de votos y 30 alcaldías, no fueron suficientes para alcanzar la Diputación, lo que provoca el pacto de izquierdas entre PSOE y BNG para seguir gobernando, posiblemente a dos, y se abre una guerra de intereses clara en la que lo único transparente, es que el propio Santos tiene perdido el control del Partido y de la Diputación.
Junto a Álvaro Santos, pueden pasar a otro punto de la historia, un conjunto de aduladores que solo estaban de fieles bajo el amparo de un sueldo, ni más ni menos. Viene a mi memoria una estrofa del poema «En pé!», de Ramón Cabanillas: «Validos de treidores…» Asi se escribe la política, cuando alguien cae en desgracia, los aplaudidores cambian de bando.
¿Era necesario para el socialismo lucense y gallego este amago de liderazgo efímero? No son tiempos de buscar culpables, sino de regeneraciones e higienizar la política con personas con capacidad de gestión y tolerantes.