Ángel Hernández asistió a su esposa, María José Carrasco, una enferma de esclerosis múltiple, para acabar con la vida y con el sufrimiento de la mujer. Los instantes fueron grabados en video y sirven para comprobar el deseo de morir de María José Carrasco.

Que un juzgado de violencia sobre la mujer conozca del asunto en la instrucción ha producido muchas quejas que, ciertamente, resultan lógicas. Sin embargo, que el artículo 87 ter de la Ley Orgánica del Poder Judicial atribuya los delitos regulados en el Título I del Libro II del Código Penal, que se refiere al homicidio y sus formas, no implica que se vaya a condenar a Ángel Hernández por un delito de violencia de género, aunque si que podría pensarse en la aplicación de una circunstancia agravante de género por la Sentencia del Tribunal Supremo 99/2019, de 26 de febrero, que determinó cómo hay que aplicar la circunstancia agravante de cometer el delito por razones de género del artículo 22.4 del Código Penal, estableciendo que «La cuestión que ha originado polémica y diversidad de criterios en alguna jurisprudencia y en la dogmática es la de si en estos otros delitos, que no fueron modificados por la Ley Orgánica 1/2004, es necesario acreditar que concurre ese específico elemento subjetivo«. Desgraciadamente, la sentencia indicada señala que «Esta Sala Segunda del Tribunal Supremo ha establecido (STS del Pleno nº 677/2018) en relación con tal específico elemento subjetivo, pero referido al delito del artículo 153.1 del Código Penal, que exigir ese elemento subjetivo del tipo en el art. 153.1 supone exacerbar la verdadera intención del legislador, que en ningún caso describe tal elemento del tipo del artículo 153.1 del Código Penal como elemento subjetivo del injusto«, ya que «No es el sexo en sí de los sujetos activo y pasivo lo que el legislador toma en consideración con efectos agravatorios, sino -una vez más importa resaltarlo- el carácter especialmente lesivo de ciertos hechos a partir del ámbito relacional en el que se producen y del significado objetivo que adquieren como manifestación de una grave y arraigada desigualdad«, que justifica «la sanción mayor de hechos más graves, que el legislador considera que lo son por constituir una manifestación específicamente lesiva de violencia y de desigualdad«, destacando la resolución que «bastará para estimarse aplicable la agravante genérica que el hecho probado de cuenta de la relación típica prevista en los tipos penales antes citados de tal suerte que el delito se entienda como manifestación objetiva de la discriminación característica de la misma«, siendo suficiente, en lo referente al elemento subjetivo, «la consciencia de tal relación unida a la voluntad de cometer el delito de que se trate diversos de aquéllos«.

El problema es que la Sala Segunda del Tribunal Supremo, con algunas de sus últimas sentencias sobre la violencia de género, ha desvirtuado el sentido de la misma, que debe requerir, para su existencia, una intención de dominación del hombre sobre la mujer que, en el caso del suicidio asistido de María José Carrasco, no existe, pues lo único que quería hacer Ángel Hernández era acabar con el sufrimiento de su esposa.