He tenido oportunidad de ver el Informe Robinson sobre el SuperDepor y no me ha gustado. Creo que ha transmitido una imagen demasiado superficial (y sesgada) de la realidad. Han salido en ese reportaje varios de sus protagonistas y otros que no tuvieron protagonismo alguno que lo hicieron con una duración y una relevancia claramente improcedente.

Tengo que decir alto y claro, porque no se dijo así en ese Informe, que el único y verdadero artífice del SuperDepor es Lendoiro. Y esta afirmación no es discutible si no se quiere faltar a la verdad. De las declaraciones de los futbolistas intervinientes en el Informe, (Aldana, Bebeto, Mauro, Fran, Donato, Djukic) se constata que el autor de esos fichajes ha sido Lendoiro. De las declaraciones de los intervinientes no futbolistas (Robinson, Arsenio, Ballesta, Rivas, Cudeiro) no queda tan claro. Tuve la sensación de que Robinson no se atrevía a reconocerlo abiertamente y por eso su Informe no está completo. Lendoiro no solo ha sido el autor de esos fichajes, sino que esos fichajes se hicieron en unas condiciones de debilidad económica manifiesta en comparación con los grandes clubes de esa época. Fue únicamente la excepcional capacidad de Lendoiro para encontrar jugadores extraordinarios como los citados y otros no tan extraordinarios pero de gran calidad (Rekarte, Voro, Nando, Liaño, Claudio, Paco, Manjarín, Ribera…) lo que hizo posible aquel equipo. Pero además de esa excepcional capacidad, era necesario convencerlos de que se vinieran a un club totalmente desconocido a nivel mundial. Y esa labor también la hizo Lendoiro. Consiguió convencer a estos jugadores de que lo mejor para su futuro estaba en La Coruña. Y para ello utilizó sus amplísimos conocimientos de fútbol que, puestos en relación con los de la mayoría de los jugadores, representantes y directivos del momento, estaban a distancias siderales. Pero eso tampoco bastaba. Hacía falta, también, dinero y tenía que manejar con acierto extremo el escaso dinero que tenía. Y para ello había que arriesgar, porque desde la comodidad, desde el conservadurismo, pagando anticipadamente a Hacienda como hace el actual presidente Fernández, un equipo como el Deportivo no puede llegar nunca a nada más que a lo que lo ha convertido este presidente Fernández: un equipo de segunda, ramplón y acomodaticio que solo sirve para sostener a los aficionados carentes de ambición y que son también, acomodaticios, ramplones y segundones. En muchos órdenes de la vida, pero especialmente en el fútbol profesional, no se puede alcanzar el éxito sin arriesgar. El que no quiera arriesgar que se quede en su casa, que no venga a ocupar un sitio solo para su interés particular y para tapar la llegada de otro mejor, como está haciendo el presidente Fernández. Lendoiro arriesgó, seguro de lo que hacía y triunfó. Nunca fue un riesgo temerario, pues sus enormes conocimientos de fútbol le servían de red como a los trapecistas, pero fue un riesgo valiente y atrevido. Como suele pasar en el fútbol profesional la cuestión deportiva y la cuestión económica van de la mano. No se puede dar la una sin la otra y la una sin la otra no sirve de nada, no se sostiene, es flor de un día. Por eso me río abiertamente cuando la prensa domesticada, ante el evidente e innegable fracaso de la gestión deportiva del actual presidente Fernández, se desgañita gritando que la gestión económica va muy bien. Primero que eso tampoco es verdad, y segundo que aunque fuera verdad (que no lo es) ¿Para que le sirve eso a los aficionados del Depor? ¿Es que piensan repartir dividendos? Decía que Lendoiro asumió un riego valiente y atrevido. Mauro y Bebeto, pilares fundamentales de la selección de Brasil no iban a venir solo por la elocuencia y las dotes de convicción de Lendoiro. Eso era indudablemente necesario pero no suficiente. Hacía falta, además, dinero. Y ese dinero, 400 millones de pesetas de entonces, lo sacamos de la conversión del Club en S.A.D. Me van a permitir que me recree un breve momento en el recuerdo de aquella operación porque creo que eso fue decisivo para la creación del SuperDepor y en el Informe Robinson ni siquiera se menciona. Las normas reguladoras de la conversión en S. A.D. tenían muy bien definida la forma de fijar el capital mínimo de cada club, pero no tenían la misma definición en la fijación del destino del dinero proveniente de la conversión. En la definición de la conversión ese dinero tenía que destinarse al pago de determinadas deudas y otros destinos predeterminados, pero Lendoiro y quien esto escribe encontramos un agujerito legal por el que retirar ese dinero del fin al que iba inicialmente destinado e invertirlo para fichar, principalmente a Mauro y a Bebeto y otros jugadores del SuperDepor. En este momento de recuerdos nostálgicos es obligado recordar a Roberto Veira y a Manuel Montiel ambos ya fallecidos. Roberto Veira realizó todas las gestiones necesarias para que el Banco de Bilbao (y la Liga) nos permitieran disponer de ese dinero. No lo consiguió, pero su esfuerzo sirvió de “maniobra de diversión” para que Manuel Montiel y quién esto escribe pudiéramos negociar con el Banco Mapfre de muy reciente creación en aquellas fechas, y debidamente pactado con ellos, trasferir el dinero de aquel banco a éste y de éste a Brasil. Y Mauro y Bebeto (y otros) acabaron en La Coruña. Lendoiro puso un equipo formado con jugadores de primerísimo nivel en las manos de Arsenio. A Arsenio lo rescató Lendoiro del pozo de la Tercera División en donde se encontraba (entrenaba al Compostela) y de donde probablemente no saldría jamás si no fuera por la oportunidad que le ofreció Lendoiro. A partir del ascenso se vio que el equipo que le puso en las manos Lendoiro le vino grande y no supo sacarle todo el potencial que ese equipo tenía. Varios directivos de la época afirmaron a quien esto escribe que se opuso al fichaje de Bebeto y en la temporada del penalty de Djukic (1.994) lo que fue plenamente constatable es que su falta de ambición y de valentía propició el empate a cero en la jornada 35 con el Lleida que descendería y otro empate a cero en la jornada siguiente, la 36, con el Rayo Vallecano que también descendería. No es suya la culpa. Si venimos manteniendo que el mérito del SuperDepor corresponde a Lendoiro por los fichajes que hizo, también le corresponde la responsabilidad por mantener a Arsenio al frente de un equipo para el que no estaba capacitado (la experiencia lo demostraba). Cuando al año siguiente, en 1.995 gana la Copa del Rey (ganó una copa y perdió dos ligas) se produce la famosa “espantá” de Arsenio que tampoco se menciona en el Informe Robinson, deja plantado a Lendoiro en el estadio y se va con Paco Vázquez que un año después, tras su breve y fracasada aventura en el Real Madrid (también le vino grande), se lo agradecería encargándole de la Ciudad Deportiva de La Torre donde terminó su vida activa. En estos momentos parece que se encuentra enfermo y ello hace que este no sea el mejor momento para hacer juicios de valor, pero su enfermedad no le ha impedido ejercer un claro protagonismo en el Informe Robinson lo que, desde el mayor de los respetos, obliga a estas aclaraciones porque “la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero”. Y ello nada obsta para que, desde la legítima discrepancia, expresemos nuestros mejores deseos de salud y recuperación para Arsenio. Pero, al César (Lendoiro) lo que es del César (Lendoiro). Los otros protagonistas no futbolistas del Informe Robinson (Ballesta, Rivas y Cudeiro) no tuvieron relación directa alguna con el SuperDepor. Ballesta fue el segundo de Arsenio, Rivas era un periodista generalista de El Ideal Gallego sin ninguna intervención en el SuperDepor y a Cudeiro no lo conocí de nada. La relevante participación de los citados en el Informe se explica únicamente por la evidente intención de “meter la cuchara en la olla” de Lendoiro para apropiarse de un protagonismo inmerecido.

Creo que con estos datos, que son plenamente constatables e indiscutibles, el Informe Robinson queda mucho más completo.