Soy consciente que una mayoría de las llamadas feministas, defensoras a ultranza de la mujer, poseedoras de los que ellas creen la verdad, podrán poner el grito en el cielo, porque un hombre cabal, no arrima el ascua a su sardina, defiende el honor y la verdad de las mujeres, algunas feministas podrán colgarle la etiqueta de machista, sin embargo, es un caballero porque así se lo inculcado una mujer, mi madre,  desde la cuna.

Nunca tan lejos de mi proceder, no deseo molestar a nadie, soy respetuoso con todas las personas.  Escribo bien, personas, sin importarme condición de sexo, social, económica, religiosa ou otra cuestión que provoque en mis comentarios,  algún tipo de rechazo hacia alguna parte de la sociedad, esa sociedad formada por legiones de hipócritas que nos está tocando vivir.

Escribo este artículo desde el eco adormecido silencio de los hombres, de los de verdad, de los que realmente merecen la pena, los que sufren en silencio las injusticias, que las hay y muchas en el sexo masculino, el que de principio somos culpables cuando una mujer formula una denuncia para obtener ventaja con respecto al hombre. Flaco favor hace a las mujeres que de verdad sufren la violencia del hombre. Para aquellas/os que puede sorprenderles lo que escribo, les recuerdo que hay casos de denuncias falsas y sentenciados en Sala por un Juez, porque ellas tienen la presunción de veracidad, los hombres solo silencio.

Con cierta  incredulidad, no exenta de sorpresa, mastico el día a día algún Post en las redes sociales, o comentario hacia el hombre, ese hombre que también existe y es maltratado por cierta parte de una minoría sociedad feminista, como he escrito anteriormente.
Existen hombres, sin más calificativos que ser hombres de bien, a los que no se les ha olvidado el respeto, galantería, educación y saber estar en cada momento. Si, esos hombres tiene como bandera la libertad en todas sus manifestaciones y el respeto a sus semejantes.
Lloran, tienen sentimientos y la elegancia suficiente para callar desprecios, burlas o abusos emocionales, perdonando lo imperdonable, pues entendemos que todo el mundo tiene derecho a equivocarse y corregirse.
Ese hombre al que por desgracia se siente indefenso en muchas ocasiones al mezclarlo o confundirlo con el monstruo que viola, asesina o maltrata. El hombre de verdad, no publica, calla, asume y respeta.
No cree en muñecas rotas, o actúa como un murciélago, simplemente se comporta como un hombre a la antigua usanza, sin lanza en ristre ni cabalga sobre lomos de ningún corcel, pero si es un caballero del siglo XXI.  No se queja o aprovecha la «valentía» de las redes sociales  para soltar la lengua, solamente respeta y pasa su particular duelo con elegancia, llora igual que ellas, se desvela y sufre, también tiene sentimientos.
En definitiva, es un hombre o para la sociedad, un Caballero.