Por María Isabel Blasco Robert

Todos sabemos y somos conocedores que los delitos sexuales vienen tipificados en nuestro código penal que ya recoge actualmente que la falta de consentimiento conlleva delito sexual. Debemos diferenciar entre agresión sexual (con violencia o intimidación) castigado con penas de hasta 15 años de prisión y el delito de abuso sexual, sin violencia ni intimidación, castigado con penas de hasta 12 años.

Últimamente se quiere modificar, todo ello con la intención de incluir en él, el consentimiento expreso para evitar situaciones que pueden resultar muy desagradables.

Y nos preguntaremos, ¿consentimiento expreso? Se pretende que sea un “Sí” rotundo y claro.

Desde que surgió la noticia todos hemos visto en la aplicación de WhatsApp como los más ingeniosos han hecho múltiples bromas de todo tipo que nos han hecho reírnos a carcajadas, pero bromas aparte, debemos pensar que es algo realmente serio, puesto que ya en Estados Unidos muchos hombres tienen pánico de acercarse a las mujeres, y como todas las modas nos llegan de allí, en breve se va a comenzar a imponer en España.

Pensemos que incluso se está perdiendo, por no decir perdido del todo, el conocidísimo “piropo” simpático y no grosero típico español, pero si esto continúa así, definitivamente los hombres van a terminar por no acercarse, ni tan siquiera mirar a una mujer, y ya no digamos dirigirse a ella.

Si nos preguntamos cómo realizar el consentimiento expreso, debemos considerar que por escrito no resulta conveniente ni adecuado, puesto que posteriormente nos podemos encontrar con problemas como “lo firmé bajo coacción, amenazas, etc…”

Para evitar esta situación lo mejor es documentarlo en vídeo. Así resulta posible el estudio de la actitud de la persona que presta su consentimiento. Si nos paramos a pensar, en el mundo de la pornografía se graba previamente a las actrices preguntándoles por lo que van a hacer y si realmente están conformes con ello.

Ciertamente, la grabación es el mejor método para evitar después problemas. De hecho, ya existen determinadas apps que han sido creadas con este objeto, una de ellas es We consent, donde las parejas prestan su consentimiento y para evitar problemas quedan grabadas y conservadas durante siete años.

Hasta este punto se está llegando, pero no deja de ser una gran idea que dejará claras las intenciones de las parejas y evitarán posteriormente procesos judiciales largos y complicados por los que no es necesario pasar cuando realmente hay un consentimiento indubitado.

María Isabel Blasco Robert

Abogada en A Coruña